Zero Trust no es un producto: es dejar de confiar en la red
Durante décadas, la seguridad corporativa funcionó como un castillo: un perímetro duro afuera, confianza total adentro. El problema es que, una vez que un atacante cruza ese muro —con una VPN robada o un empleado engañado— tiene vía libre. Zero Trust invierte la lógica: nadie es confiable por defecto, ni siquiera un dispositivo ya conectado a la red interna.
En la práctica, esto significa verificar identidad, estado del dispositivo y contexto en cada solicitud, no solo al iniciar sesión, y segmentar el acceso para que un usuario o servicio solo llegue a lo estrictamente necesario. No es una caja que se compra e instala: es un rediseño de cómo se otorga confianza, y por eso las migraciones reales tardan años, no semanas.